sábado, 30 de octubre de 2010

El asalto a la Unión Ferroviaria

El ataque de un sector sindical sobre otro que terminó con el asesinato de un militante de la UF recuerda otros hechos de violencia intersindical. En los años 70, un pampeano llegó a ser presidente de ese gremio, y se encumbró también haciendo uso de los métodos de la burocracia sindical. El recuerdo de Esteban Rolando, diputado nacional del justicialismo y jefe del CdeO en la provincia.


Norberto G. Asquini

En 1974, un pampeano, el diputado nacional Esteban Rolando, del justicialismo, llegó a ser presidente de la Unión Ferroviaria (UF). A 36 años de ese hecho, el ataque de un sector de los ferroviarios sobre otro que derivó en el crimen de Mariano Ferreyra, un militante del Partido Obrero, y dejó a otras personas con heridas de bala, nos habla de cómo las burocracias sindicales han dirimido a través de la violencia su acceso al poder de las entidades gremiales.


Nacionalistas.

Dirigente ferroviario de la UF de la Línea Sarmiento, Esteban Rolando, fue el referente de la Juventud Peronista piquense en los años ‘70. Estaba alineado al Comando de Organización (CdeO) de General Pico y era un hombre de Alberto Brito Lima. Esa agrupación nacional abrevaba en lo más ortodoxo del nacionalismo revolucionario peronista y reclamaba en los gremios su lugar a los sindicalistas tradicionales, aunque con los mismos métodos.

A comienzos de la década, Rolando llegó a ser parte de la comisión directiva nacional de la UF, por entonces el cuarto gremio más poderoso del país que tenía 266 seccionales y 127 mil afiliados. En 1973, tras la dictadura de la Revolución Argentina, fue electo diputado nacional en la lista del Frejuli pampeano, detrás del jefe de la CGT piquense, Carlos Aragonés, con quien estaba enfrentado.

Bajo custodia.

Una vez llegado a la diputación, el ascenso de Rolando bajo el amparo de la derecha peronista fue meteórico. Electo para ocupar una banca en el Congreso, sumaría a este cargo la designación como titular de la UF.

Para entonces, el líder del CdeO pampeano tenía una custodia puesta por el sindicato, además de su chofer y secretario, que lo acompañaba invariablemente en la Cámara de Diputados, las oficinas de la UF, la sede del CdeO y en sus viajes a La Pampa. Era media docena de matones pagada por la UF con credenciales de la Policía Ferroviaria, que los legalizaba para “chapear” cuando los paraba alguna fuerza de seguridad. Testigos de Pico recordaron la ostentación de armas de fuego de los custodios bajo los pilotos y los tres Torino en los que se manejaba el diputado y su séquito de hombres.

El alarde y la aparatosidad desmedida en el medio pampeano tenía que ver no sólo con los miedos propios ante la posibilidad de un atentado, sino también la exhibición era la afirmación del poder personal cosechado por el gremialista.

El estallido.

El poder no te lo regala nadie, hay que tomarlo”, dijo Rolando durante la entrevista al autor para el libro “Crónicas del fuego”, resumiendo su filosofía y la de sus seguidores en los setenta. Así, por la fuerza, llegó a ser el jefe del sindicato a nivel nacional. Todo fue producto del enfrentamiento entre dos sectores de la conducción en manos del peronismo, y que terminó de estallar a comienzos del ‘74.

Uno de los grupos estaba representado por el entonces presidente de los ferroviarios y miembro del Consejo Superior del peronismo, el salteño Adolfo Medina; y el otro por el diputado nacional del PJ y secretario general del gremio, Raúl Ravitti, con quien se había aliado Rolando.

Relatan los periódicos El Peronista y el Descamisado de abril del ‘74, que Medina en el año 72 había ganado la conducción por la Lista Marrón a la lista Verde, de Lorenzo Pepe y Ravitti. Por su parte, Rolando era de la Azul. Llegado el peronismo al poder, Ravitti sumó 22 votos contra 9 de Medina en la comisión directiva y a comienzos de 1974, con los dos tercios necesarios, logró la expulsión de Medina. El jefe de la CGT, Lorenzo Miguel, que apoyaba a Medina, lo abandonó a su suerte.

Intervención.

Rolando, fue el hombre elegido por Ravitti, también diputado nacional, para hacerse cargo del gremio. En marzo del 74, la Dirección Nacional de Asociaciones Profesionales convalidó la separación de Medina de su cargo por parte de los directivos que respondían a Ravitti y su reemplazo por Rolando. El ministro de Trabajo, Ricardo “Cotorra” Otero, intervino a pedido del presidente Juan Domingo Perón para favorecer una conciliación y volcó la decisión hacia el pampeano. A pesar de los operativos para un desenlace “amistoso”, Medina se negó a dejar su cargo pues entendió que era un asunto interno del gremio y no del gobierno nacional. Los dirigentes que seguían a Ravitti y Rolando convocaron a un Congreso de secretarios generales de las seccionales y suspendieron a Medina ad referéndum por tres meses.

La toma.

Para resistir el alejamiento, la sede central de la UF, ubicada en la avenida Independencia 2.880, fue ocupada por militantes del dirigente suspendido. Rolando presentó un amparo para desalojar el local sindical y favorecer la puesta en funciones de las nuevas autoridades. El recurso fue aceptado el 10 de abril por el juez laboral Jorge Fernández Salgado, quien ordenó desalojar.

Mientras tanto, un centenar de dirigentes y activistas seguían en la sede, que fue atacada el día 13 por un poderoso artefacto explosivo que estalló frente al edificio. Si bien no provocó víctimas, dejó varios destrozos. En tanto, Ravitti y Rolando permanecían durante toda la jornada instalados en la sede central de la CGT de Azopardo e Independencia a una veintena de cuadras del edificio ferroviario.

El plazo dado por el juez venció el lunes 15. Frente al inmueble se apostaron policías de la Federal para hacer cumplir la orden. Por su parte, Medina se reunió con el presidente Perón para que detuviera el desalojo, mientras en los pasillos esperaban su turno Ravitti y Rolando para hablar con el mandatario, según comentaba la prensa.

En el primer minuto del 16 de abril, una tanqueta de la Policía Federal derribó la puerta exterior de la sede de la UF y luego ingresó una columna de efectivos policiales que desalojó al centenar de manifestantes que estaban entonando la marcha peronista. No se registraron incidentes ni detenidos.

Finalmente, y luego de que Medina fuera retirado por la fuerza del edificio del sindicato, Rolando consiguió hacerse con la dirección de la UF.


(Publicado en el diario La Arena)

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