miércoles, 16 de marzo de 2011

Los Pérez: lazos de padre e hijo


Ramerio Pérez nació en Conhello y su hijo Eduardo se crió en General Pico. En esa ciudad también se ocultaron durante algunos meses cuando se desató la represión ilegal durante el gobierno de Isabel Perón. Ambos fueron secuestrados en 1977 y desaparecidos. Otro hermano, Jorge, murió tres años después en circunstancias sospechosas.


Norberto Asquini y Juan C. Pumilla


Son considerados militantes, trabajadores, estudiantes, dirigentes, combatientes. Son peronistas o marxistas. Son padres o madres, hijos, hermanos o nietos. Pocas veces la condición de su origen, de su procedencia, trasciende y le da entidad a las víctimas del Terrorismo de Estado en la Argentina durante los años 70.
Sobre Ramerio Pérez y su hijo, Eduardo Alfredo, apenas se conocía que fueron secuestrados el 10 de octubre de 1977 y llevados al centro clandestino de detención "El Atlético", en la Capital Federal, que era manejado por la Policía Federal. Ambos desaparecieron poco después. Sus casos fueron juzgados hace algunos meses en el juicio del circuito ABO (El Atlético, El Banco y El Olimpo) por el que fueron procesados y condenados 17 represores.
Ahora, el que hizo trascender la novedad de su pertenencia pampeana fue Fernando Adrián Pérez, el hijo menor de Ramerio, actualmente director de Protección de Derechos de la Víctima del Ministerio de Justicia de la provincia de Buenos Aires. Apenas se enteró que se iba a realizar un nuevo homenaje a los muertos o desaparecidos pampeanos durante la dictadura militar, se contactó con las autoridades y militantes de los derechos humanos para que su familia figurara en ese luctuoso listado. Fernando además, contó su historia, y la de su padre y hermanos.

La familia.
Lo último que recuerda Fernando de su papá, entonces de 48 años, y de su hermano Eduardo, de 20, fue cuando se los llevó un grupo de tareas de su casa en Villa Celina, partido de La Matanza. "Yo tenía 8 años y entraron en mi casa, era un grupo comandado por el 'Turco Julián' (alias de Héctor Simón). El iba al frente y se los llevaron en un operativo conjunto entre la Policía Federal y el Ejército. La Bonaerense además había liberado la zona. Fueron llevados al Atlético y ese fue el último lugar en el que los vieron", aseguró durante una entrevista.
Ramerio Pérez había nacido el 17 de junio de 1929 en Cohnello. Era hijo de hacheros. Su padre y su madre fallecieron cuando tenía 8 años ("la misma edad que tenía yo, fue como me pasó a mí", recordó Fernando). En su juventud se marchó a trabajar a Buenos Aires y se radicó en el Conurbano. Allí se casó con Felisa Nilda Sotelo, y tuvo tres hijos: Eduardo, nacido el 3 de marzo de 1957; Jorge Luis, en 1960; y Fernando, el menor.

Peronistas.
Pero las vidas de los Pérez transcurrieron en varios lugares, uno de ellos General Pico, donde el pampeano tenía parientes. "Toda mi familia militó en el peronismo, y fueron definiendo su actividad más con el Peronismo de Base (PB) y con la Juventud Peronista. Y terminaron con Gustavo Rearte al que siguen. Ya en los años 70, continúan en el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre, una división del PB". El Peronismo de Base fue una agrupación de superficie de las Fuerzas Armadas Peronistas, cuya línea ideológica se encaminó hacia el clasismo. "Mi padre era gráfico y actuó fuertemente en el sindicato gráfico junto a (Raimundo) Ongaro, que fue líder del PB. Mi padre, mis hermanos y mi mamá militaron también todos el Peronismo de Base", dijo.
"Fuimos una familia muy perseguida y durante muchos años deambulamos por varios lugares. Inclusive por La Pampa donde tenemos parientes, y en General Pico nos albergaron familiares y amigos, en tiempos previos a la dictadura, durante algunos meses entre 1974 y 1975 nos escondimos allí. Ibamos y veníamos, y en la clandestinidad. Por ejemplo, primer grado lo hice entre cuatro y cinco escuelas en 1976", indicó Fernando Pérez.

Criado piquense.
Eduardo, el hijo mayor y técnico en electrónica, nació en la provincia de Buenos Aires pero estuvo muy vinculado con General Pico. "Se crió allí -indicó su hermano-. Es más, fue concebido en Pico y nació circunstancialmente en Buenos Aires. Pico era su 'lugar en el mundo'. Siempre volvía ahí, e hizo parte de sus estudios primarios en esa ciudad hasta que en su adolescencia finalmente la familia se instaló en La Matanza. Pero seguía muy vinculado".
Tal era su relación con General Pico que el 10 de octubre de 1977 llegó por la mañana a Villa Celina desde esa ciudad. Esa noche, a las 20, él y su padre fueron secuestrados.
Ambos fueron trasladados hasta El Atlético, un centro clandestino de detención ubicado en Paseo Colón, entre San Juan y Garay. "Allí los vieron por última vez a los dos algunos testigos que quedaron. Lo que supimos es que nunca los separaron, siempre estuvieron juntos en la misma celda. Y los vieron hasta el cierre del Atlético, que luego trasladaron a El Banco y finalmente a El Olimpo. Tenemos la presunción de que a partir de ahí fueron ejecutados", señaló Pérez.

Muerte sospechosa.
El padre y el hijo mayor no fueron las únicas víctimas de la familia Pérez durante la dictadura militar. En 1980 murió otro hermano, Jorge, que entonces tenía 20 años. Esa muerte, Fernando la vincula con la represión ilegal y el destino de los otros dos miembros.
"Jorge falleció durante un accidente ferroviario, pero consideramos que fue armado por las circunstancias que rodearon su muerte. Después de la desaparición de mi padre y de Eduardo seguimos siendo perseguidos. En 1980 Jorge fue a hacer un trámite y se tuvo que revisar la vista. Fue a Morón, y allí fue arrollado por una máquina de tren. Creemos que tuvo que ver con el mismo destino de nuestro padre y hermano por toda la situación de irregularidad que se dio en la entrega del cuerpo, en el manejo de la información que hizo la policía de lo que le pasó y por quienes intervinieron en el caso. Es que a partir de 1977 tuvimos que soportar diariamente el seguimiento de varios autos y personajes, que consideramos tenían el propósito de perseguir a otros compañeros de militancia de mi padre y mis hermanos", destacó Fernando.
El único hijo sobreviviente fue querellante en la causa ABO. Allí fue condenado el "Turco Julián", la cara viva de la represión durante la infancia de Fernando. Ahora, con su testimonio, dos nombres, dos rostros más se agregan al rompecabezas de la memoria colectiva de los pampeanos, que ya tiene 51 historias para recordar la tragedia de los años más negros de la historia contemporánea de la Argentina.

(Publicado en La Arena)

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